jueves, 18 de septiembre de 2008

Las Lomas de Lachay

Leyenda huaralina

Cotoc valiente guerrero atavillo, fue herido en una pierna durante la invasión a la costa central y por escapar de sus enemigos se perdió en el bosque. Los guerreros chancayanos no cesaron en su búsqueda. Entonces Cotoc, al verse descubierto recurrió a la magia de sus antepasados y se convirtió en un pequeño zorro andino. Era un zorrino rengo que a duras penas podía caminar. Estaba débil y hambriento, cuando de pronto, a lo lejos, escuchó ladridos.

El zorro no había reparado que sus enemigos contaban con diestros perros, que fácilmente podían ubicarlo. “Y ahora qué hago”, pensó el herido. No sabia adónde ir, en eso vio a un picaflor que libaba el néctar de las flores y le preguntó: Amiguito picaflor dame un poco de tu sabrosa miel y dime adónde ir para burlar a mis enemigos. - Hacia el río, sigue el sendero derecho y llegarás al río. Dijo el picaflor. El zorrino llegó al río y sin pensarlo dos veces se arrojó al agua. Para poder respirar bajo el agua consiguió una cañita y se dejó llevar por la corriente río abajo.

Al poco rato se cruzó con una simpática trucha. - Señora trucha los rabiosos perros me persiguen podría mirar si todavía están en la orilla. Dijo el zorro. La amigable trucha sacó su cabecilla y vio a los temibles perros negros sin pelos - Sigue tu camino zorrillo que todavía están los furiosos canes buscándote. Le aconsejó la asustada señora trucha.
Al rato el zorro encantado detuvo su viaje y cuando quiso seguir no podía moverse, se había enredado entre plantas acuáticas. Luchó y luchó por salir y más se enredó.

“Ahora sí que me llegó la hora”, pensó con resignación. En eso pasó el señor camarón, que se apiadó del rapaz y con sus afiladas tijeras cortó las plantas. El zorrillo muy agradecido siguió su viaje. Ya se estaba poniendo morado de frío, cuando sacó su cabeza para mirar sí todavía lo perseguían y vio a una rana en un hermoso estanque: Señora rana me podría decir dónde estoy. - Estás en los aposentos de la princesa Rúpac. Contestó la rana muy amable ella. De pronto, aparecieron los criados de la princesa y rápidamente capturaron al débil zorrillo, ya estaban a punto de matarlo cuando de improviso llegó la bella hija del rey.. ¡ Alto¡, ¿ qué pasa aqui?. Preguntó con curiosidad - Un zorro se ha introducido al palacio, debemos eliminarlo mi soberana. Dijo el jefe de guardias. - No sean malos, no ven que el zorrino está temblando de frío y miedo. No le hagan daño. - Llévenlo a la cocina y curen al zorrillo. Ordenó la bondadosa princesa, acariciando la cabecilla del moribundo prisionero. “No hay caso los dioses me protegen”, pensó el zorrillo.

Los curanderos chancayanos que eran expertos en plantas medicinales, le aplicaron paico para curar la herida y llanten para bajar la inflamación। Para reanimarlo le dieron de beber jugo de maca. Al día siguiente, la princesa fue a visitarlo - Dime zorrino qué haces tan lejos de tu tierra?. Preguntó la hermosa princesa. El zorro no podía revelar su verdadera identidad, pues sus pueblos estaban en guerra. “De seguro que se espantará al saber que somos enemigos”. Pensó el rapaz. Ah, no puedes hablar, te has quedado mudo, te duele tu patita. dijo la princesa dándole un cálido beso en la frente. Beso que lo tomo por sorpresa. De pronto el zorrillo se convirtió en un hermoso príncipe atavillo y no tuvo más remedio que contar su verdadera historia. - !Ahora soy tu prisionero! Dijo él valiente guerrero. Rúpac que se había enamorado del apuesto príncipe, prometió hablar con su padre. Así lo hizo. Como el rey de los chancayanos, quería mucho a su hija consintió que se casara con el hijo de su enemigo.

Entonces prepararon la boda. Los indios atavillos trajeron de la serranía alimentos típicos de su tierra. Como los sabrosos cuyes, chicha de jora, oca, papas, charqui de llama y prepararon la más grande y deliciosa pachamanca en honor de los novios. Los cocineros chancayanos prepararon los más deliciosos potajes basándose en frescos pescados y mariscos. Las mujeres, llamadas kuchimilcos prepararon un delicioso cebiche, cociendo el pescado con jugo ácido del tumbo - los chancayanos fueron los creadores del famoso cebiche, que ahora es considerado el plato nacional del Perú-

Los enamorados príncipes se casaron con sus mejores vestidos. El novio lucia fina ropa de lana de vicuña, la novia vestía con hermosas telas de algodón. La fiesta fue inolvidable.
Los dioses de la ecología como regalo de bodas crearon un paraíso natural en medio del desierto. Ubicado al norte de Huaral, en el lugar conocido como: Las Lomas de Lachay, que significa: donde vive la naturaleza. Para mantenerlo siempre verde, cubrieron las lomas con una eterna neblina mágica. Los dioses crearon plantas e
insectos nunca vistos por los humanos. En el centro de la loma surgió un hermoso puquial de aguas cristalinas, para refrescar a los príncipes.

Al día siguiente, los dichosos novios fueron a pasar su luna de miel a las Lomas de Lachay, donde en medio del singular oasis vivieron muy felices. Desde entonces los pueblos de la costa y la sierra de la provincia de Huaral viven en paz y armonia.